De los intercambios epistolares MyM

El beso se me deslizó hasta la mañana siguiente, cuando me desperté bien cubierta por el edredón de plumas, con un vaso de jugo de naranja sobre la mesita de noche. Matías había estado ahí y tal vez me había besado. Me levanté confundida, con el cariño de Matías entre las arrugas del camisón.

Fui por agua y sobre la mesa de la cocina, rodeado de una taza de café aún hirviente y un plato de Corn Flakes a medias, vi el sobre de papel manila, rotulado con plumón negro, escrito con su caligrafía irregular (Para la señorita Mercedes de todos mis Santos). Lo abrí impaciente, dejando pedazos de papel sobre la mesa. Adentro, encontré una postal de Cancún con un mensaje escrito a mano, con letra incomprensible (<<Matías, hubieras sido doctor. La letra ya la tienes>>, adoraba reñirle).

Imagina vivir aquí por siempre. Volcarte en  la sinfonía azul verde que se hincha etérea, despiadada, vigorosa. Imagina que toca tierra, se pierde  y se vuelve a formar. Y tú escribiendo. Atenta, creativa, desgarrada…Arañando palabras (Romperlas. Voltearlas. Formarlas)… Matías a Mercedes. Carta de amores apesadumbrados número uno. 

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