De otra vida

Esto lo escribí en otra vida, una que no vale la pena recordar. Sin embargo, quiero compartirlo con mis amigos de la prepa, una época maravillosa en la que conocí a personas que aún me marcan (mis dos mejores amigos, a los que les dedico PDQ, son de aquellos tiempos). Lo dejo tal cual lo escribí en mayo del 2007 para el blog Hija de los 80, con el que, por cierto, conocí a otra persona maravillosa como lo es mi Raquel. Tal vez el tercer párrafo sea muy largo, pero lo dejo así.

….Era principios del 92 y la herencia musical de mis padres encontró lugar y razón de ser. Por fin hacían implosión el jazz de mi padre con las maravillosas voces femeninas de mi madre. Eran Presuntos Implicados y sonaban de lluvia en lluvia con “Cómo hemos cambiado”. Las notas me hipnotizaron desde la primera vez, mas me costó trabajo dar con el nombre del grupo que “desgranaba ese racimo de voz “. Cuando por fin lo descubrí, no los dejé ir.

El año pasado se desintegraron y me dio tristeza. Y es que marcaron el fin de mi infancia. Era el 92, yo terminaba la prepa, se cerraban ciclos, se abrían otros. La vida empezó a cambiar. El blog llega hasta este año. No puedo escribir sobre después del 92.

En esos tiempos terminaba la fábula envuelta en notas de Presuntos Implicados; en 24 cuadros por segundo de Cinema Paradiso; en “No podrás olvidar” que no pudieron; en rivalidades de chismógrafo y terapias vengativas en clase de Sociología; en arrivederci mal pronunciados; en diálogos irónicos y divertidos de Valeria y Maximiliano; en las complicidades con Mario; en Gisela y sus clases salpicadas de anécdotas de nueva rica y citas de Carlos Fuentes, Aura y Cantar de Ciegos; en La Mujer de Benjamín y el nuevo cine mexicano; en Gus y sus sombreros negros; en José Emilio Pacheco y su Principio del Placer; en reuniones con refresco y sandwichitos de jamón; en retiros en el México con la mirada negra que me secuestraba; en Margarita Abia y sus siete gatos con sus siete vidas; en cumpleaños en el Benedettis en los que apenas nos alcanzaba para pagar la cuenta; en los vacíos absurdos de Maggie y Pipe; en mis primeros cuentos a escondidas en la clase de Historia; en la canción de Mario para Valores Juveniles; en el olor de los zapatos escolares recién estrenados; y, sobre todo, en sueños, muchos sueños. Era el fin de la infancia, de la vida como hasta entonces la había conocido.

Después del 92, las bofetadas me desequilibraron constantemente, tirándome, retándome, enfrentándome a la vida real, la de los adultos, la llena de problemas . La niña fresa y estúpida, desparpajada y llena de ilusiones se murió en algún lugar y en algún momento sin que me enterara. Nació la intelectual de periódico conservador, la que quería viajar y huir.  Pero esa es otra historia y nunca la leerán ni en éste ni en ningún otro blog.

No podía haber mejor canción para este post. Presuntos Implicados y Cómo hemos cambiado.

Cómo hemos cambiado

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