El comandante de Stilton

Publicado en el periódico Reforma en 2002.

A las 21:58 horas del sábado 20 de julio, mientras los soldados de élite de Madrid se retiraban de la isla de Perejil, “tropas” británicas ocupaban el pequeño islote español de Ratas.

Vestido como Walter Raleigh, pirata inglés del Siglo 16, Stephan Moss, un súbdito inglés, clavó la bandera de su país en la cima de un risco y declaró a la isla territorio de su Majestad, la Reina Isabel II.

Minutos antes, Moss, periodista del diario The Guardian, y su fotógrafo conocido como “M” habían salido de la playa d’en Bossa, en el este de Ibiza, a bordo de un bote de pedales rumbo a Ratas, un islote deshabitado a un kilómetro de la costa española.

Su objetivo era claro: ante la disputa por la isla de Perejil, los dos ingleses querían darle una lección a la “hipócrita diplomacia española que, por una parte, pelea Gibraltar y, por la otra, se resiste a discutir el estatus de sus enclaves africanos de Ceuta y Melilla (ubicados en la costa norte de Marruecos)”.

Las “armas” para ocupar el islote no eran su mayor preocupación: dos panes, una caja de cerveza, un queso stilton, una botella de agua, un paquete de salami, otro de galletas, un frasco de mermelada- que usarían para festejar tras el desembarco-, un enseña británica y un megáfono. También llevaban consigo a Gordon, un soldadito de plomo que representaba al Ejército de Su Majestad.

A la mañana siguiente, con la resaca propia de la celebración “militar”, Moss y “M” bautizaron a la isla con el nombre de Stilton, como el queso que habían degustado la noche anterior y cuyo olor se “percibía ya por casi todo el territorio”, un área rocosa de 150 metros de largo por 90 de ancho, con aislados matorrales y un escarpado despeñadero.

Embriagados con su hazaña, los ocupantes se dispusieron a comunicar la “feliz” noticia al Ministerio de Exteriores de Gran Bretaña, de por sí atareado en el histórica disputa con Madrid por Gibraltar.

“Ustedes están fuera de moda”, les comentó escuetamente una espantada funcionaria.

“Ahora buscamos compartir rocas en vez de ocuparlas”. Pero, cubriéndose las espaldas, les sugirió que si querían ayuda militar hablaran con el Ministerio correspondiente.

Con los funcionarios de Defensa tampoco tuvieron fortuna.

“Si quieren declarar la isla como territorio británico, es su problema”, les advirtió un oficial, tras aclarar que los militares nada podían hacer sin el consenso del Foreing Office. “Es una decisión política”, masculló el oficial.

Desalentados, Moss y su subalterno intentaron entonces contactar a las autoridades españolas, pero como “nadie hablaba inglés” y “M” había sufrido una “herida de guerra” -se había lastimado la mano con una roca- tomaron la dolorosa decisión de abandonar la isla.

Sin embargo, antes construyeron un puesto de “retaguardia”: una pequeña fortaleza de rocas donde atrincheraron a su “su arma secreta”, el soldadito de plomo, con una nota de advertencia: “Soy Gordon, el Granadero, y protejo el territorio soberano de la isla de Stilton, propiedad de su Majestad la Reina Isabel, que fue ocupado a España el 20 de julio del 2002. Good bless Queen Elizabeth” (Dios bendiga a la Reina Isabel).

 

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