Estampas de latinoamericanos en Bolzano

Virginia de Jesús es una mujer de carácter: ante los obstáculos, se crece y busca soluciones hasta encontrar el camino.

Enamorada de un italiano rubio que conoció en Santa Domingo, llegó a Italia en 1991 con un diploma de peluquera bajo el brazo y la experiencia de haber montado un salón de belleza en su país. Pero en Bolzano esto no le sirvió para nada y tuvo que empezar de cero.

”No me revalidaron el título, así que tuve que hacer un curso de tres años. No me arrepiento porque aprendí muchas cosas que no sabía de medicina, de anatomía química. Profundicé más en la profesión, me sentí bien y no me importó estudiar de nuevo”, dice Carolina, nombre que Virginia le robó a su abuela y con el que todos la conocen.

El título italiano no le resolvió los problemas: “Empecé a buscar trabajo, pero como veían que era negra, me llamaban sólo dos o tres días a la semana”; por lo que, cansada de ser discriminada, un buen día tomó sus ahorros y abrió Salón Caroline.

El pequeño salón es una fiesta de culturas: el español, con su variedad infinita de acentos y colores, flota en el aire y se mezcla con el italiano de las bolzaninas.

“Tengo muchos clientes latinoamericanos, pero también vienen italianos. Creo que como dominicana traes tu cultura y a los italianos les enseñas el calor humano, el trato, somos más afectivos, y ellos lo aprecian, se desestresan”.

Las dificultades para salir adelante no han sido pocas: “Muchas personas que no me conocen, me ven y no se fían porque soy extranjera (…) hay muchos impuestos, la renta es alta, tanto que he pensado en vender el salón”, pero Carolina no se desanima, “mi plan es abrir una asociación para que las personas que no pueden gastar mucho en un corte de cabello, paguen menos gracias a una credencial”.

Y es que su vida es ésta:cortar, peinar, desenredar rodeada del olor de los líquidos del permanente y los cabellos recién lavados: “A pesar de todo lo que he pasado, volvería a abrir el salón porque me gusta mucho mi profesión. Desde pequeña me gustaba la peluquería, el contacto con las personas”

Carolina se ha adaptado a Bolzano, “es una ciudad pequeña, donde se vive tranquilo; sí que me siento integrada. La gente se ha portado bien conmigo, a los latinoamericanos nos tratan bien, hay mucha solidaridad con nosotros, además mi hijo y mi marido son italianos. Pero sí quiero regresar a mi pais, porque es mi tierra, ahi está la familia. De República Dominicana me falta todo: el clima, el mar, el calor humano, el contacto con mi gente, pero hasta que mi hijo no cumpla 18 años, no puedo volver”.

Carolina ironiza sobre el futuro, ríe y las facciones caoba se le iluminan: “No puedes programar ni tu vida ni tu muerte, yo puedo morir aqui, Italia es mi segunda casa, pero las raïces son las raïces. ¿Qué se le va a hacer?”.

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