Fragmentos de Punto de Quiebre

I
El portazo es transparente. Bajo del Mercedes blanco sabiendo que no será la última vez: Matías volverá. Siempre lo ha hecho. Es julio y el alma cae sobre el pavimento mojado. A cuentagotas. La calle está casi vacía. Hace poco dejó de llover. Nadie sonríe ni me mira de frente. Mucho menos festejan como hace 12 años, cuando las calles se llenaron de anhelo. Ahora sólo puedo sentir la tristeza. Asfixiarme de ella. La historia es cíclica y el engaño también. Como Matías.
II

La forma de ser de Lorenzo me desmadejó el corazón. Fue sembrando girasoles en los espacios que habían sido de Matías. Me fue curando el recuerdo. Un día me besó los labios y ya no pude separarme de él. Fue junto al Tíber, en la parte donde Roma pierde su nombre.

III

Nuris se puso a cantar. Todavía más fuerte. Se fue a la cocina y, de no sé dónde, improvisó un guiso colombiano. Brindamos con un vino tinto de reserva especial. Por las ventanas se nos coló la vida. Estaba ahí. Incitante. Escondida en el gelato alla stracciatella; en las fuentes de Piazza Navona; en nuestra complicidad teñida de agosto.

IV

Avanzamos callados. Yo estaba rota. Él, ausente. Para mí, Lorenzo ya era una mera circunstancia. Habitábamos universos paralelos, donde cada quien corría por su lado, sin adentrarse en el otro. Nunca pude desnudarlo por completo, aunque durmiera a mi lado. Memoricé sus lunares en el cuello, la longitud de sus nalgas, el tono exacto de su boca, pero jamás pude contarle las arrugas del corazón, conocer las bestias que se alimentaban de él.

IV dos

Quiero perderme en los lunares de tu nuca, tomar café por las mañanas, contarnos anécdotas y bailar amaneceres hasta volvernos viejos.

V

Matías y yo nos amábamos. La infidelidad no existía en nuestro diccionario de palabras inventadas. Después de nuestro encuentro en el PAN, me tatué de Matías. El tatuaje creció, maduró, se expandió por el flanco derecho de su cadera. Desde ahí vi caer al dinosaurio, vi crecer la corrupción azul, hasta cubrirme de ella.

Habíamos recorrido el país entero; bañándonos de él, planeando futuros, bailando madrugadas en sus pueblos. A veces nos peleábamos, discutíamos por tonterías, nos mentábamos la madre, pero siempre terminábamos besándonos bajo las caderas del amanecer, perdidos en su laberinto.

VI

Fueron meses azul agua. Mis bestias internas daban vueltas sobre mí, zarandeando a mi conciencia. La vida corría despacio. Me movía mecánicamente. Un dedo acá, una pierna allá, una mano cayendo descuidada sobre el teclado. Me costaba trabajo escribir, caminar. Arrastraba las piernas en una sucesión de pasos que no iban a ninguna parte. Pasaba las noches en blanco, escuchando el silencio de la madrugada goteando sobre la ciudad. El corazón se cubrió de lodo, ahogado en la desfachatez de mis excesos con Matías.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s