Hacen negocio de Mussolini

Publicado originalmente en el periódico Reforma en septiembre de 2002

PREDAPPIO, Italia.- “El mundo tiene una idea equivocada de Mussolini. Antes de El Duce, Italia no era nada. El hizo a Italia”. Galliano Constantino, hombre de mediana edad, vocifera y mueve las manos con ese lenguaje corporal que sólo los italianos conocen. Acaba de salir de Ferlandia, uno de los tres negocios de Predappio, el pueblo natal de Benito Mussolini, que vende todo tipo de mercancía en honor a El Duce.

Cincuenta y siete años después de la muerte del dictador y en momentos en que la ultraderecha cobra fuerza en Europa, Predappio es lugar de peregrinaje para miles de neofascistas -50 mil para la alcaldía, 120 mil para los vendedores de souvenirs y 500 mil para los guardias de la tumba -que cada año visitan esta comunidad del norte de Italia en busca de las huellas del político. Cualquier nostálgico del fascismo sabe que un buen recorrido por este pueblo de 6 mil habitantes debe incluir una visita al cementerio y a la casa natal del ex Jefe de Estado, para finalizar en las tiendas de souvenirs. Con un poco más de tiempo se puede visitar la Casa de los Recuerdos, en la vecina Meldola, donde Mussolini pasaba su tiempo libre cuando gobernaba Italia.

Guardias de honor en la última morada

A las afueras de Predappio se encuentra el cementerio. Al fondo está la capilla de la familia Mussolini. Unas escaleras amplias y bien cuidadas llevan al sótano.

En medio de los sepulcros de varios Mussolini, un hombre pequeño, de lentes, reza calladamente. Antes de marcharse, escribe sus pensamientos en el libro de visitas.

Dos muchachos de no más de 25 años, vestidos completamente de negro, están parados junto a la tumba del político. Son los guardias de honor. Inmóviles, pasan todo el día cuidando que los visitantes respeten lo que ellos consideran la última morada de un “símbolo que representa una Italia que -a diferencia de otras Italias- no tiene de que avergonzarse por su generosidad, por su lealtad, su coraje y su sentido de la responsabilidad”.

Creadas el año pasado con el aval de la familia del dictador, las guardias de honor tienen 402 integrantes, 88 de ellos mujeres y varios extranjeros.

“Para ser guardia se debe tener disciplina, moral, dedicación, lealtad, coraje y dignidad; es decir, hay que estar de acuerdo con los valores que regulan un estilo de vida fascista. No importa el sexo, la edad- aunque los guardias tienen en promedio entre 20 y 40 años-, ni la nacionalidad, sólo hay que respetar el reglamento, entrevistarse con nosotros y que dos personas se responsabilicen del buen comportamiento del futuro guardia”, explica a REFORMA vía telefónica el presidente de las guardias de honor, quien prefirió el anonimato.

“Una vez seleccionados, los voluntarios tienen que pagar 27 dólares, que sirven para sostener a la asociación e imprimir publicidad. Cuando les toca hacer guardia -más o menos una vez al año- ellos se tienen que pagar el viaje a Predappio. Nosotros no damos ni viáticos ni sueldo, ni siquiera a los que vienen del extranjero”, dice.

Aunque al principio las autoridades los miraban con recelo, se han acostumbrado a su presencia, pues según comenta el presidente de las guardias, “sólo están en la cripta y no causan problemas”.

“Si uno de ellos rompe el reglamento, es expulsado de la asociación. Tienen que tener un comportamiento ético toda su vida, no sólo cuando están en Predappio”, agrega.

Para el Alcalde, Ivo Marcelli, “las guardias de honor simplemente no deberían existir”.

Ultraderechismo contra la izquierda

Predappio y Mussolini guardan cierto parecido. Como si el poblado hubiera tomado las características de su hijo más célebre. Si Mussolini pasó de dirigente socialista a fundador de una ideología ultraderechista, en Predappio comunismo y fascismo se mezclan y se confunden. En una de esas ironías de las que está hecha la historia contemporánea, Predappio es gobernado por Ivo Marcelli, un político de izquierda.

En junio de 1999, Marcelli reabrió la casa natal de El Duce, cerrada desde 1944, para instalar ahí un centro de estudios del “Ventennio” (periodo histórico en el que gobernó Mussolini).

“Abrimos la propiedad, que es del Estado, porque estaba cayéndose”, explica el Alcalde a REFORMA.

-¿No es contradictorio ser de izquierda y restaurar un lugar símbolo de la ultraderecha? -.-No, porque no la utilizamos como apología del fascismo, sino como centro de estudio de la época. Además, al rescatarla, evitamos que cualquier neofascista hiciera de ella un santuario de Mussolini.

La casa exhibe postales y pósters del “Ventennio”. Cuando se inauguró en 1999, los seguidores de El Duce se indignaron. Ellos que esperaban ver los objetos personales del dictador, tuvieron que conformarse con una colección de “estampitas”. La Casa de los Recuerdos en Meldola, fuera de la juridicción de Marcelli y que abrió hace un año, satisface esta curiosidad. Es aquí donde el político pasaba su tiempo libre junto a su esposa Raquel Guidi y sus cinco hijos. La villa reconstruye el ambiente familiar de los Mussolini, pues se pueden visitar la cocina, el jardín, el estudio y hasta la recámara.

“Con esa casa hicieron lo que yo evité con la Casa Natal: convertir la imagen de Mussolini en un negocio”, agrega, llanamente, Marcelli.

Los fascistas se defienden. “Cómo no va a ser negocio la Casa Natal cuando cobran 4 dólares por entrar y 17 por el libro de la exposición. Además, la promueven junto con la tumba en la página web de la Alcaldía”, dice Luca Limena.

Imagen comercial con historia

Claudio Fabbri-Ferrini está orgulloso de su ideología fascista porque, entre otras cosas, “fomenta los valores como la ayuda a los demás y la unión familiar”.

Claudio Fabbri es sobrino de Benizzi Ferrini, quien hace 15 años abrió Ferlandia “como una forma de difundir sus ideas. No tanto como negocio” “Vendemos de todo un poco: playeras, perfumes, gorras, calcomanias, vinos, bustos, postales, plumas, libros, música de la época, encendedores. Todo es producción nuestra -excepto el vino, los libros, el perfume y los discos compactos-, ya que también hacemos serigrafía e imprimimos publicidad para otras empresas como bares, hoteles y pizzerías”, comenta.

A pesar de que se niega revelar cuánto factura Ferlandia al año, asegura que la venta de los souvenirs no deja mucho.

“Con el trabajo de la imprenta es con el que realmente ganamos dinero, pues los admiradores de Mussolini compran sobre todo los productos más económicos”, sostiene.

Según Fabbri, el éxito del negocio radica en que la imagen de Mussolini representa un periodo histórico muy importante que no puede ser borrado. De ahí que sus clientes sean de todas las edades y procedan no sólo de Italia, sino de países como Alemania, Francia, Holanda y Estados Unidos.

El Alcalde Marcelli es enemigo declarado de Ferlandia y los otros negocios de souvenirs. Para él son inadmisibles y una muestra de comercio “abusivo”.

“Cuando llegué a la Alcaldía, vendían las cosas en la calle. Por eso les di una licencia de venta. Quería que ofrecieran sus cosas decentemente, pero siguen haciéndolo de una forma provocativa.”, dice visiblemente molesto.

Fabbri niega todo. “Nosotros estamos establecidos desde hace 15 años. Otras casas de souvenirs también llevan años; Nunca hemos recibido amenazas ni de la autoridad ni de la gente del pueblo”, agrega. Y es que los habitantes de Predappio se han acostumbrado al ir y venir de los simpatizantes de El Duce. A cualquiera que se le pregunte, simplemente alzará los hombros y soltará un “me da lo mismo”. En realidad, el turismo neofascista no da problemas ni representa una fuente de ingreso importante para la economía local, que se sostiene de la industria del mueble.

“Los únicos que ganan dinero son los dueños de los negocios de souvenirs”, ataca Marcelli.

Finalmente, como dice Fabbri, si Ferlandia estuviera en cualquier otro lugar del mundo, “la gente lo destruiría y robaría, pero aquí su existencia en cierta forma se justifica”.

Dictador polémico

Los seguidores de Benito Mussolini que visitan Predappio están de acuerdo en una cosa: El Duce llevó el progreso a Italia. Creen que con la construcción de carreteras, ferrovías y escuelas hizo a la Italia moderna. También dicen que promulgó leyes todavía en vigor y que era dueño de un carisma insuperable. Sin embargo, de los errores del fascismo hablan poco y se cuidan de no mezclarlo con el nazismo.

“Tal vez se equivocó en las alianzas que hizo con Hitler, pero el fascismo es otra cosa, pues no propicia el antisemitismo”, asegura Luca Limena, un veneciano de 24 años que va tres veces al año a Predappio.

La personalidad del dictador sigue despertando sentimientos encontrados. Hijo de un anarquista revolucionario, Mussolini nació en 1883 y se caracterizó por su constante rebeldía. A principios del Siglo 20, se adhirió al Partido Socialista, por la entrada de Italia a la Primera Guerra Mundial provocó un giro de 180 grados en su ideología, pues se convenció de que el socialismo estaba destinado al fracaso. Terminado el conflicto, la situación social en Italia era propicia para sus planes políticos. En 1921, fundó el Partido Nacional Fascista, de caracter nacionalista y antiliberal, y en 1922 tomó el poder. Durante su primera década de Gobierno, Italia pasó de ser un país medieval a una nación moderna y próspera, pero con un régimen totalitario. En los 30 inicó su debacle. En 1935, invadió Etiopía, donde las tropas cometieron verdaderos genocidios. En 1938, aprobó las leyes raciales impuestas por Alemania, provocando la indignación pública. Finalmente, en 1940 llevó a Italia a la Segunda Guerra Mundial al lado de los países del Eje. El fracaso del Ejército motivó su destitución en 1943. Fue fusilado en abril de 1945.

Mercancía neofascista

Algunos de los productos que los seguidores de Mussolini pueden comprar en los negocios de Predappio son (precios en dólares):

Tarjeta telefónica $7.50

Camisetas $6.00

Bandera chica $3.25

CD cantos patrióticos $10.00

Pin $2.00

Figura de Mussolini $17.50

Calendario 2002 $2.50

Pintada a mano $35.50

Llaveros $4.20

Perfume ‘nostalgia’ $20.00

Reloj de lujo $40.00

 

 

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