Magos Herrera en una noche de marea azul verde

Publicado originalmente en la Revista Vicio.

La voz de Magos Herrera es como una marea azul verde: gira, se acomoda, da vueltas, se hincha, se contiene, explota entre los lamentos de la guitarra de Javier Limón.  Y tú ahí, trastocada. En silencio. Con sus notas pegadas a tu piel. Con un Lunario tan absorto como tú.

Es la gira Dawn de Magos Herrera y Javier Limón. Ella es mexicana, alta, elegante; una de las mejores voces del jazz mundial. Él es español, simpático, de barba tupida; produce y compone jazz y flamenco. En su carrera musical ha trabajado con Paco de Lucía, Juan Manuel Serrat, Caetano Veloso, Joaquín Sabina; ha ganado ocho premios Grammy.

La vida los acercó por causalidad en Nueva York. Se identificaron tanto que decidieron grabar juntos Dawn, un disco desnudo, minimalista, sólo guitarra y voz, con canciones de jazz, bossa nova y tradicionales mexicanas.

El disco salió a la venta en abril de este año y la gira inició ese mismo mes en Nueva York. Continuó por Madrid, París, Londres, San Francisco. El 12 de junio le tocó a la Ciudad de México, ciudad natal de Magos Herrera, quien a pesar de vivir en Nueva York desde hace años, no puede evitar emocionarse cuando se presenta en su país maravilla, el que, como dice la canción de sus disco homónimo, es “certeza, pureza, ballenas y sirenas”.

El Lunario del Auditorio Nacional está repleto, con muchos extranjeros presentes (españoles, argentinos, franceses, estadounidenses), lo que demuestra el alcance de Magos y Limón entre un público selecto, tal vez de nicho, cosmopolita, multicultural.

La voz de Herrera se desmorona suave, elegante, con la sola compañía de la guitarra de Limón, lo que es suficiente para embrujar al público con canciones como Afro Blue, Dawn, Tierra Movida, My Love For You, O Que Tinha De Ser.  Alejandro Chapa y su cajón acompañan el bossa nova de Oraçao Ao Tempo (Caetano Veloso), entre otras, dándoles un toque de alegría, que hace que la gente aplauda, le siga el ritmo.

El público está fascinado, transportado a un lugar sin lugar, donde la voz de Magos envuelve todo.  Herrera juega con los pliegues de su vestido negro, estira los brazos,  ondea el aire con las palmas de sus manos. Después el silencio. Se levanta, camina al centro del escenario y canta, a capella, sin Limón, sin Chapa. Y el Lunario sin respirar, oyendo su voz que desgaja La Llorona. Los árboles de los grandes ventanales del fondo se mueven, se agitan, como si también estuvieran trastocados por la voz. Más silencio. Luego aplausos. Magos regresa a su lugar, se sienta y sigue cantando como si nada, como si no hubiera hecho levitar a 500 personas con su música a capella.

Al poco rato, Herrera, Limón y Chapa desaparecen. Regresan ante los gritos de otra y cantan una más, no del disco Dawn, sino Luz de Luna, del cd México Azul de Magos Herrera. Después se van y las luces se encienden. La gente sigue ahí, absorta, como si esperara que alguien les dijera que la magia se acabó y ellos deben volver a su vida de siempre, llena de tráfico y problemas.

En la entrada del Lunario, el staff de Magos te vende sus cds, desde Orquídeas Susurrantes y Distancia, con el que estuvo nominada al Grammy, hasta Dawn, el disco de la noche. Es como si por 200 pesos te quisieran alargar la magia de un concierto suave, lleno de jazz, en el que el tiempo simplemente se rompió y Magos nos arrastró (y enamoró) con su marea azul verde.

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