Ponencia sobre Elena Garro que di en la ENEP Acatlán

Elena Garro me trastoca. Aunque llegó tarde a mi vida, fueron suficientes 10 páginas de Los recuerdos del porvenir para darme cuenta de que estaba ante una de las mejores escritoras que ha dado este país.

Como señala su biógrafa, Patricia Rosas Lopátegui, sus innovaciones estructurales, la ruptura del tiempo y el espacio convencionales y, sobre todo, su hermosa prosa poética hacen de Garro una autora que raya en lo magistral.

Elena Garro fue una autora prolífica, que abarcó y bordó con maestría distintos géneros, desde la narrativa a la poesía, pasando por la dramaturgia; sin olvidar que en los años 40 incursionó en el periodismo.

Elena Garro se definió a sí misma como una partícula revoltosa. Durante su infancia en Iguala, la eterna Ixtepec de Los recuerdos del porvenir, era toda una pirómana que encendía hogueras en su jardín y que quemó la casa de doña Carolina Cortina, lo que provocó que su padre la mandara de interna al colegio Sara L. Keen de la Ciudad de México. (Rosas Lopátegui, 2002)

Fue una partícula revoltosa cuando se rebeló a su condición de señora bien de Las Lomas y decidió luchar a favor de los campesinos de Ahuatepec, Morelos.

Elena Poniatowska cuenta que “las cóleras de Elena eran sagradas, sobre todo cuando defendió a los campesinos de Morelos. Se la pasaba en el Departamento de la Reforma Agraria de la Ciudad de México, atendiendo asuntos de ejidos, límites de tierra y escrituras. Los campesinos de Ahuatepec la miraban como un Zapata femenino y les parecía lógico que enarbolara su bandera. A Elena se le veía siempre con su abrigo de piel de camello, su mascada de Cartier, elegantísima, caminando por los surcos. Una vez le pregunté por qué y me dijo que ella no era una hipócrita, que quería que la vieran como era, pues no tenía nada que esconder a diferencia de otros escritores que se decían indigenistas, pero en realidad eran racistas”. (Youtube, 2016)

Elena siempre tuvo conciencia social, pues en su infancia en Iguala estuvo en contacto con el mundo indígena y pudo ver el abismo que había entre la forma de vida de ella, la güerita, rica de pueblo, y la de los indígenas que servían en su casa, y que representaban a la mayor parte de la población de Iguala.

Esta conciencia social se pone de manifiesto en obras como Los recuerdos de Porvenir, Y Matarazo no llamó… o Felipe Ángeles, en donde la crítica social se entreteje con la poesía en su estado más puro.

De acuerdo con Rosas Lopátegui, un elemento común de la obra de Garro es “dilucidar personajes o acontecimientos históricos que despertaban su curiosidad intelectual. Le fascinaba sumergirse en los orígenes de las cosas y de los acontecimientos prohibidos y olvidados. Para Elena, lo bueno radicaba en lo que escondía o destruía la historia oficial”.  (Rosas Lopátegui, 2002)

Esto lo hizo en Los Recuerdos del Porvenir y, sobre todo, en Felipe Ángeles. Ambas son una crítica demoledora a la Revolución mexicana, que como dice el escritor y ensayista Héctor Orestes Aguilar, es el acontecimiento que ha canonizado nuestra cultura en el siglo 20. (Youtube, 2013)

Garro decide rescatar la figura de Felipe Ángeles en 1954, ya sea porque es una figura condenada al olvido por la historia oficial, o porque es una figura familiar, pues los tíos maternos de Elena, Saulo y Benito Navarro, fueron compañeros de batalla de Ángeles.

Los dos hermanos entraron al ejército villista en 1913. Benito sobrevivió a la revolución y fue fuente de primera mano para que su sobrina escribiera Felipe Ángeles. Saulo murió en el campo de batalla y es homenajeado en Felipe Ángeles al ser recordado por el personaje que le lleva la última cena al general villista y que al hablar con él le cuenta que fue parte de “la brigada del general Saulo Navarro”, con el que estuvo “hasta que lo mataron”. (Rosas Lopátegui, 2002)

Se podría decir que de su tío Saulo, Elena hereda la bandera por la justicia, la libertad y la democracia. De él también hereda ser una partícula revoltosa y tal vez las ganas de “ser general y no escritora”, como le confesó a Emmanuel Carballo. (Carballo, 1986)

Y tal vez de esta admiración a los generales es que surgen las figuras literarias del general Francisco Rosas de Los recuerdos del porvenir y de Felipe Ángeles.

Felipe Ángeles es una obra de carácter histórico-documental que recrea con aguda conciencia política un suceso de la Revolución mexicana poco abordado por la literatura: el juicio militar del general villista Felipe Ángeles.

Ángeles fue un general de Venustiano Carranza que consideraba importante la unión de las fuerzas revolucionarias. A diferencia de Villa o Zapata que no contaban con estudios militares, Ángeles es un general de carrera, que fue subsecretario de Guerra en la etapa preconstitucional. Miembro de la Convención de Aguascalientes, decide unirse a las filas de Francisco Villa y posteriormente contribuye en la elaboración de la Constitución de 1917. Cuando se reconoce el gobierno de Venustiano Carranza, Felipe Ángeles se autoexilia en Estados Unidos y regresa a México tiempo después, en donde es hecho prisionero y fusilado por el mismo Carranza. (Enciclopedia de la literatura en México, s.f.)

La obra de Garro recorre la llegada del prisionero a Chihuahua el 26 de noviembre de 1919, su juicio militar y la noche que pasa en una celda improvisada del Teatro de los Héroes antes de su fusilamiento.

Como ya vimos, Elena empieza a investigar sobre Felipe Ángeles en 1954. Rosas Lopátegui señala que para escribirla “intentó ver los archivos de la Secretaría de la Defensa Nacional infructuosamente; pasó días en la Hemeroteca Nacional; buscó la ayuda del general Zapata Vela para ver los archivos militares. Gracias a Salvador Azuela, director de los archivos de Historia, recabó información sobre Ángeles y descubrió que no se había escrito nada sobre él. Pasó dos años en total reuniendo datos y reconstruyendo hechos a través de diversos testimonios”. (Rosas Lopátegui, 2002)

Garro terminó de escribir Felipe Ángeles en 1956. La revista Coatl, de la ciudad de Guadalajara, la publicó por primera vez en 1967. En 1978 la obra se monta en CU y la Universidad Nacional Autónoma de México la publica de nuevo en 1979. (Garro, 1979)

Felipe Ángeles es un puñetazo a la historia oficial, un escupitajo a quienes ponderan la Revolución y sus frutos, a los héroes del Estado mexicano, a los mecanismos que sostienen al poder.

Frase tras frase a lo largo de sus tres actos, Felipe Ángeles deconstruye la historia oficial de la Revolución.

Desde las primeras páginas nos encontramos con que los carrancistas se cuestionan la integridad de su triunfo y alaban la figura y valores de Ángeles.

Así, el general Dieguez, quien forma parte del consejo de guerra que juzgará a Felipe Ángeles, reconoce que “El pueblo ya no se ve en nosotros, es como si hubiéramos caído detrás del espejo”. (Garro, 1979) ¿Les suena conocido a lo que ocurre en septiembre de 2016?

Una de las señoras que forman parte del comité de defensa de Ángeles parece darle la razón al cuestionarlo: “¿Llama usted la revolución a una camarilla de ambiciosos que están sacrificando a todos los que se oponen a sus intereses personales?” (Garro, 1979)

Garro va más allá y hace una crítica al centralismo que despuntaba ya en esa época y que llegó a su cenit en los años en los que Elena escribió la obra.

“Allá se limitan a girar órdenes y a darse buena vida. Ven al mundo desde la lejanía del poder”, (Garro, 1979) afirma Dieguez.

En sus intervenciones, Ángeles es quien presenta las críticas más agudas a la Revolución.

Así, Felipe Ángeles señala que “un revolucionario que llega al poder es una contradicción, y asesinar a los revolucionarios en nombre de la Revolución es consecuencia de esa misma contradicción”. (Garro, 1979)

También señala “a eso volví a México, a decirles que habíamos hecho de la Revolución un fin en sí mismo, y que por eso endiosamos a sus jefes y perpetuamos con distintos nombres la esclavitud y el horror. La política no es un fin: la Revolución no es un fin: son medios para hacer hombres a los hombres (…) De esta Revolución no han surgido hombres libres. Ni siquiera el Primer Jefe, él es el más esclavo de todos ustedes, porque es el que tiene más miedo.” (Garro, 1979)

Ángeles igualmente cuestiona el discurso oficial al afirmar que “las palabras se convierten en armas que se vuelven contra nosotros mismos; y más tarde al pueblo, hasta que lleguen a significar exactamente lo contrario de lo que significaron en su origen, y el Estado se convierta en un monolito enemigo, que asesina a todo aquello que se opone a su poder”. (Garro, 1979)

Felipe Ángeles es una obra visionaria, pues en uno de sus diálogos encontramos la semilla de la participación ciudadana, de la democracia participativa que va más allá de un voto. Garro se adelanta a su época y a través de Ángeles recalca que “México no necesita un Jefe, sino ciudadanos”. (Garro, 1979)

En Felipe Ángeles está presente la prosa poética tan preciada en Elena Garro. En el tercer acto, el general recuerda su infancia antes de morir de una forma que estremece al lector.

“¡Hace frío!… Y tanta palabra. Y todas rebotan contra un muro. ¿Nadie entiende el idioma que yo hablo? Nadie te entiende, Felipe Ángeles. ¡Mírate ahí!, tumbado en el catre de los fusilados. Escupiendo tus dientes rotos por las balas. Con la lengua sangrando a fuerza de llamar y llamar a alguien. Con los ojos abiertos al horror del último cielo. ¡Ese era el cielo, azul, tendido, que amparaba mi infancia allá en Hidalgo! El mismo cielo que escuchaba al aire girar adentro de su bóveda y al ruido acompasado de los frutos columpiándose. Debajo de ese cielo había mi casa; había mi padre; había mi patria llamándome: ¡ven aquí, niño Felipe Ángeles, no escapes a la ardua tarea de darme forma! ¡Mírame aquí en el mapa, con mi silueta rosa de cucurucho de domingo desparramando lima, capulines, jícamas! ¡Ven aquí, niño Felipe Ángeles!, ata un cordelito a mi cola de cometa y hazme subir al cielo como un papalote, con su cauda de frutos de colores. No me abandones, niño Felipe Ángeles. Paséame por las sierras, enséñame a conocer el cauce andrajoso de mis ríos. No me dejes que me olvide de mis ciudades olvidadas: Colima, Chetumal, Campeche, se me escapan. Atada a su dedo, niño Felipe Ángeles, hazme navegar por mis cielos. Abajo tú, guiándome, enseñándome a mí misma, asomándome a la profundidad submarina de mis valles. ¡Tú a caballo, Felipe Ángeles! ¡A caballo vomitando fuego! Buscando la palabra que me apacigüe. ¿En dónde está mi gente? Yo solo oigo el correr de las lágrimas de los que no me ven y me maldicen. Oigo sus pasos descalzos, apagados, gastando las piedras. ¡No me abandones, niño…! ¡Allí en un rincón está mi madre mirando un papalote! De sus ojos salen todos los ríos: el Lerma, el Papaloapan, el Mexcala. De sus hombres enlutados salen los ojos tristes que me miran en las batallas antes de morir. ¡Aquí está, mírenla todos! Llorando el pecho abierto de su hijo. Recogiendo su sangre que se escapa en las losas del patio de los ajusticiados”. (Garro, 1979)

Sin duda, al analizar Felipe Ángeles destaca la actitud del general ante su muerte. A pesar de que tiene el apoyo de la gente de Chihuahua, de los mejores abogados que logran demostrar que Felipe Ángeles no puede ser juzgado militarmente porque ya no es general, pues fue dado de baja del Ejército Constitucionalista en 1917, nuestro protagonista acepta su destino y espera el momento de su muerte.

Ángeles tiene la oportunidad de huir y no lo hace, no obstantes las facilidades que le otorga el coronel Bautista, quien queda a cargo de su custodia y que también se ha dado cuenta de la farsa que representa la Revolución, que, para él, “es una víbora que empezó a silbar muy de mañana y que a estas horas ya se enroscó y se muerde la cola para asfixiarnos a todos. ¡Hay que descabezarla! Los generales del Consejo de Guerra también le tienen miedo”. (Garro, 1979)

 

Sin embargo, Ángeles le responde que “nadie se escapa, Bautista. La huida es una ilusión y en este caso no creo que valga la pena el riesgo”. (Garro, 1979) Y es que Ángeles es un héroe que se sacrifica a favor de los ideales políticos y sociales de la Revolución.

 

Desde el inicio de la obra sabemos que Ángeles no es un revolucionario cualquiera, pues “representa un enemigo demasiado brillante, además un enemigo al que no le interesa el poder personal”. (Garro, 1979)

Ángeles es por así decirlo, la antifigura revolucionaria, es un político culto, recto, patriota, humano, que estudió en el colegio militar. Es aquél que en su juicio confiesa que no hizo “la Revolución para que tuviera este final de asesinatos, sino la concordia y la igualdad de los mexicanos. Hubo un tiempo en que fuimos iguales y peleamos por las mismas cosas: por los pobres apaleados, por el hombre privado de su dignidad, por la justicia, por la verdad. Cuando unidos derrotamos a la reacción, la unidad también se rompió entre nosotros, y el triunfo del pueblo se convirtió en botín de generales ambiciosos. Desde ese día el grupo que tomó el poder traicionando a la Convención, se dedicó a exterminar al grupo que quiso respetar las decisiones tomadas en la Convención… Desde ese instante andamos perdidos en el laberinto del crimen y de la política personal”. (Garro, 1979)

Ángeles es el héroe soñador que señala que “al poder hay que llegar puro, como llegó Madero, o no hay que llegar. Por eso la convención pidió elecciones libres y exigía a un civil, pero los cañonazos de cincuenta mil pesos hicieron un efecto más mortífero que los cañonazos de Zacatecas”. (Garro, 1979)

Es decir, Felipe Ángeles, o Elena Garro, ponen el dedo sobre la llaga de la corrupción y en el cómo los ideales se corrompen a cambio de dinero y de poder.

Felipe Ángeles muere por sus ideales; sabe y acepta que sus días están terminados. Sabe que seguir viviendo significaría un nuevo exilio u otro enfrentamiento con Carranza por medio de las armas, lo que inevitablemente causaría más muertes. (Enciclopedia de la literatura en México, s.f.)

La valía de Ángeles es reconocida por los propios generales que lo juzgan, tanto que el general Escobar reconoce que lo que han hecho con la Revolución “no es la Revolución, es el viejo juego del poder, el quítate tú para ponerme yo” y que si matan a “Ángeles, asesinan a la Revolución”. (Garro, 1979)

Al final de la obra, nos enteramos que un amparo que habían tramitado los abogados de Ángeles ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación es concedido, pero llega demasiado tarde, cuando Ángeles ya había sido fusilado.

Felipe Ángeles sigue siendo un texto muy actual, pues el poder político le debe mucho a los mexicanos, ya que no ha hecho lo suficiente para satisfacer sus demandas de justicia e igualdad social.

Cabe resaltar que hay lecturas que señalan que Felipe Ángeles es el alter ego de Garro (Enciclopedia de la literatura en México, s.f.), pues ella, como Ángeles, soñó con que México alguna vez fuera un país democrático, en donde los políticos hablaran con la verdad y resolvieran los problemas del pueblo. Los dos son las antifiguras del sistema. Él como general, ella como escritora.

En su tiempo, Felipe Ángeles recibió poca atención. De hecho, es difícil encontrar críticas o reseñas de la época que hablen de esta pieza. Esto no es de extrañarse debido a lo que representa la obra y que ya hemos analizado. (Enciclopedia de la literatura en México, s.f.)

Garro se convirtió, como decíamos, en una escritora antioficial, que sufrió una persecución política e intelectual después del 68 por parte del poder y de los intelectuales, lo que la obligó a huir del país.

Esto se debió en parte a que Elena seguía siendo una partícula revoltosa que no supo mantenerse callada y culpó a los intelectuales de azuzar a los estudiantes en contra del gobierno de Díaz Ordaz.

Pero también el Gobierno la perseguía por apoyar a Carlos Madrazo, el que quiso reformar al PRI y que, como el propio Ángeles, acabó asesinado por el régimen, aunque la historia oficial nos cuente que “murió en un accidente de avión”.

A Elena, ésa que cuestionaba al régimen con sus obras, le fue un poco mejor y solo acabó exiliada, olvidada por la historia y la literatura oficial. Olvido del que apenas comienza a salir gracias a las actividades del centenario de su nacimiento, pero del que aún no ha salido del todo, pues sus obras siguen siendo difíciles de encontrar y muchos, la mayoría quizá, la siguen identificando sólo como la esposa de, la amante de, la loca de tiempo completo rodeada de gatos y que supuestamente traicionó a los intelectuales en el 68.

A nosotros, como lectores que admiramos su valiosísima obra, nos toca ayudarla a salir por completo del olvido y leerla, sobre todo leerla y difundir la magia de sus letras que trastocan.

Muchas Gracias.

 

Bibliografía

Carballo, E. (1986). Protagonistas de la literatura mexicana. México: SEP/Ediciones del Ermitaño.

Enciclopedia de la literatura en México. (s.f.). Obtenido de http://www.elem.mx/obra/datos/93746

Garro, E. (1979). Felipe Ángeles. UNAM.

Rosas Lopátegui, P. (2002). Testimonios sobre Elena Garro. Monterrey: Ediciones Castillo.

Youtube. (24 de 11 de 2013). Obtenido de 50 años de Los recuerdos del porvenir de Elena Garro 3: https://www.youtube.com/watch?v=DJfX6E1AEgY

Youtube. (18 de 09 de 2016). Obtenido de Elena Poniatowska habla de Elena Garro: https://youtu.be/nZU-LlOI118

 

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