Texto de la presentación de Punto de Quiebre en el CCLXV. Julio 2016.

El pasado 6 de julio se presentó mi novela Punto de quiebre en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia. La escritora Inés Récamier leyó este texto. ¡Gracias Inés!

Punto de quiebre. Primera novela de la escritora Cristina Liceaga.

Cristina escribe en su dedicatoria:

A mis puntos de quiebre…

Ella nos dice: La historia es cíclica, el engaño también.

Ésta es una definición exacta de Punto de quiebre. Porque la novela es, en sí misma, redonda como las imágenes que entrega cargadas de luna y mar.

Cris: Cuéntanos ¿qué representan para ti la luna y el mar?

Punto de quiebre no es una novela sencilla. La autora cumple con el objetivo que muchos escritores no logramos: escribir para unos pocos; para quienes gozamos de palabras complejas, imágenes construidas mediante sensaciones: textura, olores y color. Sobre todo, color. Cristina fabrica estampas poéticas que exigen que paremos, demos un respiro y nos alucinemos con una segunda lectura.

Les doy algunos ejemplos:

La luna resbaló sobre las sábanas, empapándolas en destellos grises.

Llegué un jueves mediocre, con el sol tibio que se ocultaba entre las nubes.

Su mirada era del color de la luna. Los marroquíes, color luna.

Cristina, de qué color se pintan tus lunas…

Leo:

La voz fluyó hasta quemarme…

Hasta arrancarme…

Caí fracturada…

No pude más…

Tomé el abrigo y me fui, dando un portazo. Aniquilada.

Punto de quiebre es una novela que nos ofrece diferentes lecturas. Dos historias se entretejen sutiles y desenvueltas. Sus protagonistas: Matías y Mercedes, son jóvenes idealistas que se enamoran y rápidamente generan una relación de codependencia.

Cristina: Ambos personajes se construyen y desarrollan a la perfección. Para quienes hemos vivido una relación codependiente, es duro. Yo te pregunto, ¿qué tanto sufriste y cuánto trabajaste con Matías y Mercedes?

Mercedes suspira, se acerca al pecho de su novio, se deja llevar por el aliento caoba. Está a punto de ceder.

El erotismo en Punto de quiebre es esencial. La química entre Matías y Mercedes son un hilo conductor para recrear los últimos años de nuestra vida política. Cristina expone un sistema corrupto, donde el ansia de poder resulta tan fascinante como destructiva.

La genialidad en la pluma de esta autora reside principalmente en la suavidad con la que envuelve ambas narraciones. Cristina no emite juicios, ni da lecciones de vida; ella cuenta una realidad. Los escenarios majestuosos que se detallan, son lugares comunes para pactar convenios políticos.

El Monumento a la Independencia funge como testigo clave a las promesas que se rompen una y otra vez. El ángel está roto, vacío y en llamas. Mercedes también.

Cris, ¿Consideras que Matías y Mercedes son un espejo del México actual?

Punto de quiebre se escribe en el mes de julio, comienza con la derrota del PRI y termina a la vuelta del mismo.

Ella nos dice:

Es julio y el alma cae sobre el pavimento mojado. A cuentagotas.

Cris, ¿Cómo te sientes presentando hoy, seis de julio?

La autora juega con diferentes voces y nos lleva ingeniosamente desde el presente a un pasado incoherente, y del pasado a un futuro incierto. Su prosa es determinante.

Las risotadas se arrastraron y cayeron sobre el cuerpo de Mercedes, paralizándola. Estaba pálida, sentía arcadas en el esófago. Ensanchó los pulmones y respiró; escuchó el ruido de su alma al reventar. Mercedes se odió, lo odió. Quiso abalanzarse sobre él y romperlo; romperse. Se levantó trastabillante y buscó dónde vomitar. Se acercó a un árbol de jacarandas. Vomitó.

Vomité sangre, vomité mierda. Vomité los restos de la comida. Vomité mi corrupción. Vomité mi odio a mí misma. Vomité mis inseguridades que me hacían estar junto a él. Vomité Coca Cola mezclada con whisky. Vomité ceguera. Vomité todos esos pinches años junto a Matías. Vomité mi odio hacia él. Vomité hasta caer en mí, hasta caer en mi negro.

Negro. Los colores en Punto de quiebre se coordinan para lograr una perfecta simbiosis. Una novela que cualquiera imaginaría roja se pinta de azules; van del celeste al marino, y nos regalan un respiro de calma para soportar escenas teñidas de dolor.

Cristina Liceaga es una autora transparente.

El pardo, un adjetivo que encontramos repetidamente, invita a un Matías sombrío, poco vibrante; fácil de ceder tanto al goce del mando como a una sexualidad primitiva. Cristina aprovecha el pardo con una intención firme: que el lector dibuje desde su perspectiva un personaje algunas veces oscuro; otras, mulato. El juego de colores es intenso. Y se ajusta perfectamente a cada escenario. Ella escribe:

Matías disparó melancólico, rozándome los brazos con el pardo color ocre.

Una culminación estupenda, a mi punto de vista.

Para terminar, cito uno de los párrafos más importantes en la novela.

No había más que decir, ni qué hacer. Bajé del coche muda, sin verlo, sin sentirlo. El portazo fue transparente. No sería la última, ni la primera vez…

-Volverá, siempre lo ha hecho. Esta vez no tendría por qué ser diferente.

Punto de quiebre manifiesta un testimonio firme, objetivo y veraz.

“Dicen que los mexicanos no tenemos memoria”. Ahora, señores, lo que no tenemos es excusa.

Esta vez tiene que ser diferente.

Pido un aplauso para esta gran autora.

clmqvnwvaaabhra

 

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