Pedazos de nostalgia

Damos vuelta en Bucareli. Nos perdemos hacia el sur. Minutos después, llegamos el edificio en el que vivo. En el departamento no hay nadie. No sé dónde está Matías; ya no importa. El aire es tosco, apenas puedo respirar. Me muevo torpe, los pasos rebanan la atmósfera, dando coletazos que fraccionan mis cuadros internos. Prendo el estéreo mientras pienso qué hacer. La voz de humo de Anna Oxa habla de la oblicuidad de las ciudades, de la fatalidad de toparnos, una y otra vez, con los que alguna vez quisimos, como si nuestra vida fuera un círculo en el que no importan las distancias, ni terceros, ni el haber vivido en Roma acunada a alguien más.

Me dejo caer sobre el sillón. La superficie fría y pegajosa provoca que me reacomode. Estiro el brazo y encuentro Seta de Alessandro Baricco. Está abierta en la página 13 con una frase subrayada en azul; la que resume mis primeros años en Italia.

Pioveva la sua vita, davanti ai suoi occhi, spettacolo quieto. [1],[2]

[1] Baricco, Alessandro. Seta. 1996. Editoriale Fandango.

[2] Llovía su vida, frente a sus ojos, espectáculo quieto.

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